domingo, 5 de abril de 2009

El extraño caso de Ceferino Pozuelo Cienfuegos

El extraño caso de Ceferino Pozuelo Cienfuegos.

Ceferino Pozuelo Cienfuegos no tenía hoy el día. Acababa de realizar una visita rutinaria a su médico de cabecera, el doctor Fraguet, y como resultado de la misma se sentía bastante preocupado. El hecho objetivo es que tampoco el comentario del doctor Fraguet era como para desencadenar una alarma extrema en Ceferino. Sin embargo, a pesar de las pulsiones hipocondríacas, que cíclicamente padecía, nunca había estado enfermo de consideración, desde hacía veinticinco años el percance más reseñable anotado en su expediente sanitario era el empaste de una muela de juicio, como consecuencia de una picadura, con aspecto de cráter lunar, causada por el trabajo diario de miles de aplicadas bacterias anaeróbicas propias del recinto bucal. Ceferino, de carácter afable y soñador, llegó a idealizar su enfermedad molar, y durante bastante tiempo, siempre que se le presentaba la ocasión, hablaba del enorme cráter lunar causado por esos indeseables microbios. Llegó hasta escribir una oda al hecho singular de su desgracia, de la cual se siente modestamente orgulloso (de la oda) y todavía la conserva enmarcada, junto a un trozo de muela, en su mesa de trabajo.


Antes de continuar quisiera aclarar que el autor de este escrito, un servidor, carece de criterio para apreciar si la sensibilidad poética de Ceferino responde a un poeta lírico de tono elevado, o si cabe atribuirla al estudio continuado de la métrica, la medida y estructura de los versos de sus variedades y combinaciones, o si por el contrario, la métrica del supuesto poeta se limita a la cinta de medir y al sistema cuyo patrón inicial era de platino iridiado situado en un museo de París. Es por esta razón que reproduzco la obra maestra de Ceferino, y que juzgue el lector.

“Oda a la muela del juicio”
Heme aquí, en la sala de espera, pasando la lengua por tu boquete, escabroso.
El reloj puro nervio pincha. En cuestión de minutos se consuma el divorcio, pasará la lengua a un lecho tumefacto.
Qué admirable. ¡Disciplina!. Si no se presta atención las muelas rompen filas.
El reloj pincha. Y si pudiera, en la sala de espera, te diría marfil, y nácar, piedra angular, legos piropos para tu esmalte herido.
Nos quedará algo, asumo, fotos con la sonrisa forzada que hubiera hecho falta para que se nos viera juntos.


Ceferino es funcionario de la Generalitat desde hace casi treinta años, él fue uno de los primeros funcionarios del Estado traspasados, logro alcanzado por el Gran Honorable obtenido con “sangre sudor y lagrimas” ante los poderes centralistas y reaccionarios del Estado español. No tuvo que graduarse en la Universidad de verano de Prades para obtener el diploma de nivel C, que le acreditase como profesional capacitado en tareas administrativas, de índole científica o cualquier otro saber puntero de utilidad publica, el nivel C cubre todos estos campos con sobrada solvencia. Pues se trata de una enseñanza polivalente que refleja en todo momento la capacidad intelectual intrínseca del funcionario. Hasta el momento Ceferino ocupa un anodino puesto de trabajo en un oscuro rincón de un insignificante departamento, como archivero de las letras “a” a la “p” de diferentes expedientes relacionados con el incumplimiento de leyes y reglamentos dictados por los varios gobiernos de la Generalitat. Ultimamente se ocupa de los expedientes abiertos a infinidad de empresas por no cumplir con suficiencia los postulados de la rotulación monolingüe establecidos por la autoridad correspondiente.


Fraguet, el doctor Fraguet, había recomendado a Ceferino que en adelante intentara ser prudente en asuntos amatorios, debido a que según la reconocida solvencia clínica del doctor, los dolores de cabeza que a menudo le conducían a su consulta tenían el origen en la practica sexual ordinaria de Ceferino. Al contrario de lo que se opina por lo común, los dolores de cabeza benignos inducidos por el coito son más frecuentes en los hombres que en las mujeres, palabras de Fraguet, pueden ocurrir a cualquier edad y son precipitados por la actividad sexual. Si usted tiene la desgracia de padecer este tipo de dolor de cabeza, sepa que es esporádico e impredecible, por lo que no sabrá si un coito le provocará, o no, dolor de cabeza.
Este tipo de dolor de cabeza de carácter benigno habitualmente se inicia como un dolor sordo durante la fase de excitación y aumenta de intensidad en el momento del orgasmo.
Él, Ceferino, a pesar de su segundo apellido, Cienfuegos, era un individuo normal bajo todos los aspectos humanos y mundanos, tampoco destacaba en esa faceta de la vida adulta de las personas, el aspecto sexual. Estaba casado con María, en su día una rolliza moza, de origen leones, que el tiempo y la dureza de la existencia le habían marcado huellas de insalvable restauración.


Cienfuegos siempre le había sido fiel a María, fundamentalmente de obra, no tanto de pensamiento, pues desde hace bastante tiempo, el tiempo y la rutina ya se sabe..... En el inicio del acto matrimonial Ceferino utiliza como cebo o iniciador del proceso imágenes virtuales diversas almacenadas en su cerebro alimentadas con recuerdos visuales y fantasías improvisadas sobre la marcha. En ocasiones para llevar a buen fin el acto amoroso las imágenes holográficas cerebrales de Ceferino catalizan todo el proceso, tal cosa depende del día y del momento elegido por el matrimonio para dar rienda suelta a sus impulsos afectivos. La promiscuidad mental de Cienfuegos le lleva, un día sí y el otro también, a intercambiar placeres con hermosas estrellas de la pantalla, grande y pequeña, en castellano , en catalán y hasta en ingles macarrónico, chicas del supermercado y bastantes conocidas, vecinas de la escalera, del barrio, y hasta alguna uniformada. Ceferino justifica estos encuentros diciéndose ,una y otra vez, que él no hace mal a nadie, ni siquiera a María, que la vista y la imaginación le permiten fantasear con situaciones de imposible practica, y que mantiene encendida la llama del deseo, después de tantos años, junto a su pareja.


Hace algún tiempo Ceferino se interesó por la política y como no podía ser de otra manera, considerando el entorno de trabajo, social y vital donde se desenvuelve, se afilió a Ciutadans, con lo cual amplió considerablemente el campo de actuación de sus fantasías sexuales virtuales, mujeres hermosas, ciudadanas libres sin complejos nacionalistas etc. etc. Puestos a diversificar nuestro héroe tampoco despreciaba a las miembras de los dos grandes partidos estatales y hasta a las componentes femeninas del Gobierno de ZP, solamente unas cuantas excepciones limitaban su inmenso campo de acción. Jamas sintió pasión virtual alguna por las señoras políticas del nacionalismo étnico y identitario, había algo dentro de Ceferino, no sabía si químico o psicológico, que le impedía cualquier hipotética realización con tales señoras, alguna vez que lo intentó a modo de probatura científica, tuvo que desistir de inmediato de su intento, pues a pesar de los esfuerzos de concentración puestos en juego, en ninguna ocasión consiguió levantar el vuelo ni siquiera un miserable centímetro. También sus atributos retrocedían casi a nivel de neonato, pero por razones basadas en realidades físico- anatómicas acompañadas de intervenciones políticas poco afortunadas, cuando la protagonista del experimento era la Vicepresidenta, la señora ministra de Fomento o la ministra de Defensa. Cabe destacar que un caso radicalmente distinto se producía si el espacio mental del protagonista era ocupado por esa joven socialista alicantina de apellido incitador al vicio solitario ligero.


María era un alma sencilla, generosa y simple. Jamás había pasado por su imaginación que en los cotidianos y variados encuentros sexuales con Ceferino otras mujeres, de naturaleza virtual, compartían con ella lecho y pareja. Aquella cama anticuada con cabezal de hierro forjado había sido testigo del paso continuado de diferentes triángulos amorosos formados por dos vértices fijos y reales y un tercero variable e imaginado. Habitualmente, ella observaba como su marido mantenía durante el acto unos niveles de concentración mental quizás más acordes con actividades relacionadas con procesos intelectuales de altos vuelos que con un intercambio carnal tan natural y saludable. Ella de alguna manera relacionaba la concentración de Ceferino con la necesidad de suplir algunas carencias propias de la edad. No obstante agradecía las acometidas de su pareja, semejantes a las de las primeras veces hace ya muchos años. Bien es cierto que en alguna situación orgástica, en el punto culminante del placer sexual de Ceferino, le había escuchado farfullar algunas palabras, que para ella no tenían demasiado significado en ese critico momento, entre ayes y resoplidos, sobre no sé qué anuncio de Mango y el nombre de Penélope promocionando ropa interior de señora.


A Ceferino los dolores de cabeza le tenían preocupado y la relación establecida por Fraguet todavía más, su mundo de fantasía y placer se le venia abajo. Él no tenía conocimientos especiales sobre medicina, menos aún de cefaleas, migrañas con aura o sin aura, hemipléjica, de rebote, y menos todavía de la variante del dolor de cabeza hemicráneo paroxístico crónico. Pero de alguna manera intuye que los dolores de cabeza que padece durante las diferentes fases del coito están relacionados con un mecanismo fisiológico, lejano de su alcance científico, asociado al gran esfuerzo de concentración que requiere la observación mental de imágenes holográficas de bonitas mujeres en situaciones variadas llenas de atractivo erótico, para los admiradores del genero femenino como es su caso. Ahora recordaba, con respeto, a los padres de la iglesia, cuando éstos predicaban contra los ejercicios solitarios de sexo y sus variantes, el onanismo reparador según alguna expresión pecadora, de los jóvenes escolares. Y los problemas de salud que ellos acarreaban desde la tuberculosis hasta la pérdida de sustancia medular del interior de los huesos largos, con anemias, caídas del cabello y otros grandes males contrarios a la salud.


María y Ceferino se conocieron en la antigua sala de baile Cibeles situada en el extremo sur del barrio de Gracia de Barcelona, hoy transformada en no sé que cosa cultural por el Ayuntamiento. Los jueves por la tarde, las chicas de servicio libraban ese día de la semana, una de las actividades preferidas por muchas de ellas, era mover el esqueleto al mismo tiempo que buscaban novio las no comprometidas. Ceferino estaba recién llegado de su pueblo Caravaca de la Cruz, provincia de Murcia, cercano a la localidad de Mula. María era natural de Mansilla de las Mulas, muy próximo a León. Parece ser que el noble cuadrúpedo, de naturaleza híbrida, tuvo algo que ver en el inicio de la conversación entre ambos jóvenes, después entre canción y canción de Antonio Machín, interpretadas por un vocalista de voz aflautada y maneras suaves, empezó a surgir entre la pareja lo que pocas semanas más tarde acabaría en noviazgo. María trabajaba como chica de servicio en casa de una importante familia de la burguesía barcelonesa emparentada con los Maragall por vía materna. La mujer del poeta Joan Maragall “Oda a España” la señora Clara Noble, nació en Jerez de la Frontera, de padre inglés y madre jerezana (hay una estatua en Jerez de ella y de su hermana María Luisa). Los señores de María, la novia de Ceferino, gracias a su amistad con la nobleza jerezana, mantenían muy buena relaciones con la familia Primo de Rivera y esto le sirvió a Ceferino para poder colocarse en la administración del Estado.


Ceferino siempre se había sentido lo que era, un español nacido en Murcia y emigrado a Barcelona por razones estrictamente económicas, en ningún momento había perdido los lazos afectivos y sentimentales con su tierra de origen, con sus amigos y familiares. El paso a la administración autonómica le resultó bastante traumático. De la noche al día se había convertido en un analfabeto funcional en la lengua oficial de trabajo y relación con todo su entorno laboral. Entendía discretamente bien la lengua de la nación, hablada y escrita, la chapurreaba como mejor podía cuando la situación lo requería. La presión para que estudiara la lengua de Pompeu en algún momento le resultaba insoportable, en esos instantes un sentimiento de rebeldía anulaba cualquier intención de estudio, casi siempre pospuesta bien por una cierta pereza mental o por la obligatoriedad impuesta. Ceferino se veía a si mismo como una persona tolerante. Nunca le había puesto mala cara a Puri, la novia de su hijo Juan, a pesar de ser culé impenitente y votante fija de CiU.


Ceferino conocía por otro compañero de trabajo, que existía una clasificación profesional e ideológica de todos y cada uno de los funcionarios de la Generalitat en cada nivel profesional, con criterios muy bien establecidos donde razones de ideología política condicionaban y minimizaban o maximizaban los méritos profesionales para poder ascender. Según todos sabían, y todos callaban, se conocían hasta cuatro listas: verde, blanca, gris y negra, que englobaban al conjunto de todos los funcionarios en cada departamento concreto. La lista verde, especial, la estrella del funcionariado autonómico,
la integraban personal de ideología catalanista extrema, nuevos catalanes de origen charnego que recientemente han cambiado sus nombres y apellidos originales catalanizándolos y adaptándolos al sentimiento patriótico mayoritario. A esta gente, como a ciertos judíos conversos en su tiempo, hay que temerles. Fray Tomás de Torquemada, el inquisidor y confesor de los Reyes Católicos puede parecer un aprendiz al lado de algunos de estos pájaros de la nueva fe. Los integrantes de la lista verde suben profesionalmente como la espuma.
La lista blanca comprende catalanes de toda la vida nacionalistas moderados y de los otros. Se sigue el escalafón de manera ordenada según antigüedad y méritos profesionales y académicos. La gris la componen gente dudosa de la cual no se tiene demasiada información, una especie de purgatorio de sube y baja donde la duda impera sobre cualquier otra consideración.


Ceferino es uno de los funcionarios más antiguos de la lista negra, personal a extinguir laboralmente lo antes posible. Curiosamente algunos demócratas autóctonos con apellidos clásicos de la tierra son expulsados de la lista blanca hacia la negra por detalles en apariencia poco relevantes, un comentario inoportuno, un escrito políticamente incorrecto, algún gesto de solidaridad hacia compañeros de la lista negra.....etc. Hace pocos días un compañero de Ceferino nacido en Igualada cuya familia es originaria de la comarca desde hace trescientos años, un joven con estudios superiores, bien situado en la lista blanca, al cual se le pronosticaba una carrera brillante, ha sido expulsado hacia el infierno laboral, la única misión que le han encomendado es el vaciado de las papeleras, clásicas y electrónicas, por el sólo hecho de haber escrito una carta en un diario local que a continuación reproducimos:

“Los catalanes a menudo basamos nuestros criterios identitarios en mitos históricos o sociales que o no son verdad o son estados de opinión basados en tópicos más o menos distorsionados.
Los catalanes a menudo hemos confundido el amor que tenemos por nuestra tierra y costumbres con la necesidad de identificarnos con el nacionalismo político y en pedir como consecuencia el derecho a la autodeterminación.
Hay pueblos de Europa que tienen un criterio muy claro sobre su identidad y no se han planteado nunca la transformación de esta identidad en nacionalismo político.
Los catalanes a menudo hacemos servir nuestra lengua como el hecho más explícito de nuestra identidad nacional y como justificación de nuestro nacionalismo.
Tener una lengua diferente del castellano no justifica ningún motivo necesariamente de nacionalismo, a pesar de que en Cataluña resulta bien claro que la lengua es el argumento utilizado por los movimientos nacionalistas como elemento de cohesión interna y estandarte de lucha”











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