lunes, 3 de agosto de 2009

Castells i Castellers

Castells i Castellers (castillos y castilleros)
Una de las tradiciones catalanas más conocidas y seguida es la de los “castellers ” .Hoy día raramente encontraremos algún catalán (de los de siempre o recién llegado) que no conozca esta fiesta. Algo parecido a lo que ocurre con la fiesta de los toros, en cuanto a conocimiento, y los españoles. Probablemente junto con la sardana, la danza más bella de todas las danzas, es la tradición folclórica más conocida desde fuera de Cataluña. Los castells o torres humanas reúnen actualmente verdaderas multitudes de personas. Solamente en Cataluña hay más de sesenta collas.
Para muchos, el precursor de los castells es la muixeranga, una de las tradiciones valencianas de mayor desconocimiento y a la vez más antiguas. Torres humanas acompañadas de música y baile que germinaron en los pueblos valencianos hace ya varios siglos. Todavía quedan personas que creen que la muixeranga es algo catalán. En cualquier caso, es justo lo contrario. La afición por els castells catalanes procede precisamente de Valencia. Fue en el país valenciano donde surgieron las muixerangas o Ball de Valencians que dejaron de practicarse a mediados del siglo XX. Parece ser que los valencianos que viajaban a Cataluña como temporeros exportaron la actividad y así empezó a practicarse aquí, aunque evolucionó de manera diferente.
La muixeranga es un baile en el que sus participantes llegan a ejecutar una torre humana de hasta cinco pisos de altura. Es admisible suponer que la danza nacida en el siglo XV en Algemesí, al sur de Valencia, fuera desplazándose hacia Cataluña siguiendo la implantación del arroz en el delta del Ebro. Hay evidencia escrita de ello en Peñiscola.
La transformación del Ball de Valencians en castells empezó en el triangulo formado por Tarragona, Reus y Valls. En 1875 aparece por primera vez la denominación xiquets.


La diferencia principal entre muixeranga y castell es la altura y la estructura. La muixeranga estaba muy ligada a las fiestas religiosas como las procesiones. Algunas teorías apuntan un origen morisco. En Cataluña adoptaron la idea pero se centraron en conseguir altura.
Sin embargo, la construcción de torres humanas no es exclusiva de la región catalana. Existen referencias, bien documentadas, a varios países y continentes. Desde Marruecos a la India, desde Italia a Alemania hay referencias históricas y actuales. Estas construcciones se consideran orígenes de los modernos castells.
El mundo de los castells tiene su propio vocabulario, donde hay palabras únicamente usadas en esta actividad y también palabras habituales que adquieren distinto significado mencionamos algunas y nos fijaremos particularmente en otras como por ejemplo: (agulla, aixecador, aleta, cap de colla, carregar o coronar, crossa, descarregar, dosos, enxaneta, folre, gralles, llenya, ,……etc. etc.).
Agulla: persona que se coloca en el interior del castell.
Enxaneta: niño o niña que culmina el castell, el que sube más arriba. Generalmente asciende por un lado del castell y desciende por el otro lado. Ha de ser pequeño, pero con las piernas bastante largas como para poder atravesar por encima el aixecador (penúltimo casteller que sube arriba del castell) sin llevárselo.
Aleta: Hacer la aleta es la acción de la enxaneta de levantar el brazo una vez coronado el castell. Cuando lo hace, significa que el castell está cargado.
Dosos: Pareja de niños que suben sobre el último piso del tronco del castell, cogidos entre ellos y que son el inicio de la culminación del castell. Cada castell suele tener dos dosos.
Folre (forro) es la segunda piña (base del castell) en el piso segundo, la piña principal es la base en el primer piso.
Manilles: tercera piña del castell. Es una tercera plataforma en el piso tercero encima del folre y con una estructura muy compleja.
Un castell puede alcanzar alturas entre 5 y 15 metros uno de los de mayor altura es el 3 de 10 con folre (10 pisos) interviniendo como mínimo 5 niños (dos dosos y un enxaneta) Los castellers de Vilafranca en 1991 hicieron un nueve de 7. Con tres enxanetas.
Como puede observarse la construcción de una torre humana puede complicarse tanto como se quiera y la intervención de los infantes, por peso y agilidad, resulta de importancia capital para alcanzar el éxito deseado. Casi podríamos decir que en algunos aspectos la construcción es como un juego para mayores donde unos cuantos niños corren un riesgo, calculado y real, por el protagonismo que desempeñan en los lugares más complicados de la construcción. Prueba de ello es que de cuando en cuando se produce algún accidente de importancia reseñable incluida la muerte de enxaneta. Desde hace un tiempo estas criaturas van provistas obligatoriamente de casco. También son notables los esfuerzos físicos que deben soportar las personas que componen los pilares básicos de la construcción. Los servicios de traumatología pediátrica de los hospitales catalanes contienen suficiente información sobre lesiones sufridas por castellers menores de 18 años. El caso más grave hasta el momento fue la muerte de una niña de 12 años, enxaneta, en el año 2.006.


Lo escrito hasta el momento no deja de ser una visión parcial del tema, una visión poco objetiva sobre lo que representan los castells, como las expresiones más espectaculares de Cataluña, y a la vez, quizá, la más paradigmática del carácter de los catalanes, trabajo en equipo, esfuerzo, capacidad de sufrimiento, afán de superación, amor a la patria cuatribarrada, al Barça y a las sagradas tradiciones de nuestro noble pueblo.
La historia de los castells apuntada arriba no responde en absoluto a la verdad pura y limpia que caracteriza a la información que surge como flujo de ilusiones y certezas rotundas, en el seno del nacionalsocialismo cuatribarrado. Es por ello, que nos empuja la necesidad del halo de la exactitud, hacia la dirección que a continuación exponemos: Cierto es que las actuales torres humanas, tal como se realizan actualmente, tienen un origen relativamente moderno. Se sabe que a principios del siglo XIX existían en Valls dos collas castelleras que competían por ver quién hacia la torre más alta y más hermosa. Eran por una parte los artesanos y por otra los payeses. Consiguieron el máximo esplendor a principios del siglo XX con la fundación de collas en otros pueblos y ciudades de nuestro país. ¿De dónde viene esta costumbre? La respuesta es clara: nos encontramos delante de una fiesta pagana por excelencia. Valls era durante la edad media una de las ciudades más importantes de Catalunya. A demás de ser una de las más grandes, reunía una tradición mágica tan importante como desconocida. El origen de esta ciudad se remonta al neolítico, se han encontrado restos arqueológicos que lo justifican. No es de extrañar que en Valls se puedan conservar antiguas costumbres paganas. Una de ellas es la de construir torres humanas.
No sólo en Valls sino también en otras zonas de la cuenca Mediterránea se practicaba durante la edad media un juego denominado “treballs d`Hércules”. Una especie de competición por equipos, en la que se trataba de hacer la torre humana más espectacular posible. Els castells de Valls son una reminiscencia de aquellos juegos. Resulta claro que los castellers son un vivo recuerdo de las costumbres de nuestros antepasados mediterráneos. Posiblemente esta costumbre tenga cierta influencia en sus orígenes con el mundo celta más primitivo. Era habitual entre esta gente celebrar competiciones deportivas, especialmente en la fiesta de Lughnashad (1 de agosto), en honor al dios Lugh. Nos encontramos frente a una nueva versión de las viejas religiones a pesar de que somos poco conscientes.


Asentada la verdad básica sobre el origen de los castells y castellers , ahora pasamos a hechos concretos para poder fijar las ideas fundamentales que nos permitan incrementar el soporte teórico sobre el que se asienta nuestro ideario nacionalsocialista: No hace mucho tiempo, unos pocos años, se descubrió junto a la tumba de Guifré el Pilòs un pequeño cofre en cuyo interior había una descripción exacta, acompañada de dibujos y croquis, sobre las primeras experiencias del conde con torres humanas, se trata de una torre modesta, tres de dos, que permitía al ilustre personaje practicar “el salto del tigre” sin las incomodidades del armario. (Para los no iniciados se aclara que el salto del tigre es un supuesto juego sexual en el que el varón se lanza desde cierta altura, por ejemplo desde lo alto de un armario, sobre la pareja, realizando el acoplamiento durante el aterrizaje).
El Gran Honorable, siguiendo la tradición establecida por Wifredo , pero utilizando otros parámetros eróticos, los tiempos cambian y los placeres sexuales se adaptan, durante su largo mandato creó una unidad de castellers a partir de una sección de los mossos de escuadra entrenada específicamente para ello. Cada primero de mes El Gran Honorable ordenaba una actuació a plaça (actuación en la plaza) concretamente en el pati dels tarongers en el Palau de la Generalitat. Reservándose el papel de enxaneta y coronar (El Gran Honorable era izado a la cúspide del castell por medio de una poderosa grúa amarrado con un arnés), levantaba el brazo, cantaba els segador y comparaba su altura con la de Colón. Luego se descargaba el castell.
El pequeño honorable, no quiere ser menos, y pretende continuar la tradición, con el inconveniente de que lo más alto que ha subido en su vida ha sido a un olivo cuando vareaba aceitunas en su pueblo de origen. Allí, sentado en una rama, en sus años de pubertad, soñaba con ser abogado. Su principal dificultad estaba en la enorme cantidad de abogados de todas formas y hechuras que había visto en el cine y en la televisión, acusadores públicos y particulares de diferentes estilos de jerga forense, desde la lisonjera a la agresiva, defensores más o menos bien hablantes para quienes estar convencidos de la inocencia del cliente no siempre parecía ser lo más importante. Le gustaría crear un tipo nuevo de jurisconsulto, una personalidad que en cada palabra y en cada gesto fuese capaz de aturdir al juez y deslumbrar a la asistencia con la agudeza de sus réplicas, su impecable poder de raciocinio, su sobrehumana inteligencia.


No obstante, la misión principal de los castillos humanos en nuestro país en los primeros años de implantación siempre estuvo asociada a temas bélicos. La formación del imperio cuatribarrado en el Mediterráneo no hubiera sido posible sin la gran aportación de los castellers en las diferentes acciones de guerra y conquista emprendida por Jaime I, Roger de Flor y otros grandes hombres cuatribarrados. Algunos ejemplos históricos nos servirán para concretar. Las inexpugnables murallas de Constantinopla fueron tomadas al asalto por primera vez en la historia, y antes de la invención del cañón, por la audaz tropa castellera de los almogávares para admiración y pasmo de la cristiandad.
Jaime I (el otro yauma) conquistó Valencia a las tropas sarracenas gracias a las inmensas torres humanas utilizadas en el asalto.
La metodología de trabajo resultaba aparentemente simple: frente a las murallas se formaban varios castells cuyos equipos de enxanetas iban armados de enormes lanzas (en estos tiempos el enxaneta común era un individuo bajito a veces un enano) que utilizaban sin piedad contra todo moro viviente que osaba asomarse por entre las almenas de la plaza asediada.
Observando, Yauma I y sus generales, la enorme mortandad que causaban sobre la morería los terribles enxanetas, como hemos dicho antes individuos bajitos resentidos y enanos procedentes de harenes capturados en batallas anteriores, decidieron sustituirles por niños, al fin de cuentas los moros aunque infieles, también eran hijos de Dios nuestro Señor y, si bien era justo arrimarles, siempre manteniendo las reglas de la caballerosidad cristiana. La propuesta de cambio le llegó a Yauma por medio de un monje franciscano fray Robirola estudioso de las cruzadas.
Fray Robirola hablo de la cruzada de los niños. Una muchedumbre de 50.000 niños de Alemania y Francia, arrastrados por un pastor visionario, que creía más eficaz la fuerza de la inocencia que la de las armas para rescatar los Santos lugares, partió para la cruzada sin que, llenos de fe, fuera posible contenerlos (1212). Muchos perecieron al pasar los Alpes y otros cayeron en Marsella en manos de gentes sin escrúpulos, que los vendieron en los mercados de esclavos de Brijía y Alejandría.
Desde entonces, nuestro enxanetas son niños y niñas, pues estas criaturas gracias a su inocencia están protegidas ante el peligro de caerse desde más de diez metros de altura, y si lo hacen siempre saldrán ilesos. La gracia de Dios les salvaguarda.

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